Yo Mamá de 50: “la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta”.

Yo como mamá de 50 tenía 2 mitos: que al cumplir 50 tendría clarísimo lo que quiero en la vida, que sería capaz de decir lo que me viniera en gana sin ningún sentimiento de culpa. Que podría darme el lujo de elegir con quien quiero estar, que no iría a ninguna parte solo por cumplir; que no daría explicaciones de ningún tipo, que sería sabia y mesurada para dar un consejo e inteligente para manejar mis emociones. Por fin seria dueña de mi misma ! Habría alcanzado esa madurez de la que hablan las revistas cuando vemos a esas mujeres cincuentonas estupendas con mirada placida contemplando el horizonte con ese aire de ya saberlo todo y estar por sobre cualquier banalidad…

Primer mito tirado a la basura en mi caso. Cumplí los 50 y sigo sin tener muy claro lo que busco, sigo aprendiendo, sigo sintiéndome presionada por contestar, ir o explicar algo que no tengo ganas. Sigo quedando con preguntas sin respuestas y dudando si era lo adecuado o no, sigo cuestionándome mil cosas… Y es que la madurez no está en la edad, está en las experiencias que vivimos y cómo las asimilamos.

Segundo Mito: el famoso instinto maternal. Ese que se supone que por nacer mujer lo tienes como un chip incorporado. En mi caso tengo que reconocer que nunca fui guaguatera, no me volvía loca por andar tomando niños en brazos ni los encontraba  exquisitos ni bonitos, les hacía el añuñui obligado cuando me tocaba, pero tenía la esperanza que cuando tuviera los propios ese instinto tan preciado me llegaría como un rayo para iluminarme.

Yo Mamá

Creo que la pega de ser mamá es el mayor desafío en la vida Lo eres todos los días, cada hora y cada minuto, nunca paras, siempre estas enseñando, dando el ejemplo,  sorprendiéndote y sobretodo, aprendiendo. Cada hijo es un mundo distinto y tú eres una sola tratando de adaptarte a cada uno de ellos, tratando de hacerte el tiempo aunque estés colapsada con las ciento un mil cosas que hacemos las mujeres. Los libros, los psicólogos, los profesores y las amigas aplicadas que te dicen que hay que dedicarles tiempo y de calidad; escucharlos, orientarlos y amarlos incondicionalmente. Y ahí está una haciendo esa pega elegida y sobre exigida. Somos eficientes y responsables en la oficina –No queda otra, hay que mantener la pega, porque ser madre es carísimo- y aunque lleguemos reventada en la tarde preparamos comida y las loncheras del día siguiente. Fijo además que hay que lavar y secar ropa, porque el fin de semana no alcanzaste, igual tuviste que pasar por el supermercado -siempre falta algo-. Revisas las cuentas que hay que pagar. Pides la hora al dentista, fuiste a reunión de apoderados, leíste todos los whatsapp del grupo scout para estar al día con el próximo campamento, entraste al wp del curso que hablan de una famosa prueba que nunca te enteraste que tuvieron, entremedio contestaste el del grupo familia, porque corres el riesgo de ser desheredada si no llegas a lo que está planificado y “avisado por wp”, y a el del grupo de las amigas, que dice 96 mensajes sin leer, le echas una ojeada no más, porque cuando tuviste ganas de contestar algo tirando la talla ya pasó la vieja –pucha que se va harto tiempo en la revisión diaria de los mensajes!-.

A las que tenemos la fortuna de ser hijas todavía, nos llama nuestra madre para contarnos por tercera vez el problema que tuvo con la Juanita. La escuchas armándote de paciencia y le dices: “Ya mamita, te llamo mañana, besitos te quiero”. Inevitable no pensar que vamos camino a lo mismo. Entremedio suena el mensaje del marido, novio, pinche o lo que haya –ese tiene sonido distinto para identificarlo y contestar sino empiezan los llamados- para recordarte que están invitados el viernes a comer y comienza el otro drama con las niñitas. Cada una tiene planes, hay que empezar el juego de estrategia de cómo pasas a dejar a una, llegas a la comida a tiempo y luego haces hora sin quedarte dormida -porque tu comida fijo que termina antes de que la niñita salga de su fiesta- y haciéndote la simpática con el hombrón al lado, porque encuentra que no es posible que uno tenga que postergarse y acomodarse a los horarios de “los niños”. Y empezamos a escucha: “y no hay nadie que la pueda traer de vuelta? Si quería ir se debió preocupar de conseguir regreso… Bueno, y por qué no se puede venir en Uber?… Entonces que se quede alojar donde la amiga…. Etc., Etc.”.

La mirada constante, palabra precisa, la sonrisa perfecta; como dice Silvio Rodríguez.

Y en todas esas ocasiones es cuando yo quisiera tener la mirada constante, palabra precisa, la sonrisa perfecta como dice Silvio Rodríguez, para que lo borre todo de pronto y teletransportarme a una isla paradisiaca con un mojito en la mano…

Tengo que decir que no fui la mamá que les llevara la lonchera a la hora del almuerzo para que estuviera caliente ni tampoco corrí a dejarles el bolso de gimnasia si se les quedaba y mucho menos me quedé haciéndoles trabajos hasta las tantas… Para mí esa era la pega de ellos. La mía era enseñarles a ser responsables y consecuentes. Tampoco fui la mamá que los iba a dejar y se quedaba después conversando con las otras mamás en el café. No fui la que se ofrecía para delegada de curso o para ir a comprar el regalo del día del profesor; pero sí nuestra casa era donde todos eran bienvenidos, donde el punto de reunión era la cocina, nuestro refrigerador el más apetecido y el lugar donde podíamos conversar de todo. Tampoco esperé ni exigí  notas arriba de 6. La verdad nunca me importó y jamás los castigué por eso. Me importaba que aprendieran. La nota era un referente para saber en qué tenían que esforzarse más. Lo que sí me importaba era que fueran felices al colegio y que lo pasaran bien. Si fueron los alumnos con mejores notas? No, lo que sé es que hoy los tres mayores  son  profesionales secos en sus áreas, pero además de eso son personas de mente abierta, tolerantes, que se adaptan a diferentes situaciones y que independiente de su profesión han sido capaces de crear caminos paralelos y de desarrollar intereses que los apasionan. Y la más chica sigue la tradición.

Mamá Chocha

Cuando mi hijo mayor, hoy de 31 años, dio su examen de grado y defendió su tesis, lo fui a ver. Me senté con cara de chocha, como cuando cuándo entregaban los premios de fin de año en el colegio cerca de la comisión de profesores. De repente vi a un hombre parado adelante, con traje y corbata que se movía con un desplante y seguridad apabullante, inteligente y asertivo para responder. Con esa empatía para  sonreír y conectar, porque tiene certeza total sobre lo que está hablando. Ese hombre  al frente era mi niño, ese que preguntaba todo y acudía a mí, porque era la que tenía todas las respuestas. En ese momento comprendí que él podría estar hablando en chino mandarín o de física cuántica y para mí sería lo mismo… Ahora él era el capo y yo era la que tenía que preguntar y aprender de él. Recién ahí tomé conciencia de que había crecido y que sin darme cuenta había hecho la pega de manera instintiva.

De forma tan natural como las aves enseñan a sus polluelos a volar. El instinto me había guiado en cada una de mis decisiones con mis propias crías.

Disfrutemos nuestro día, que son los 365 días del año.

La Columna vertebral de Maia

Maia tiene 4 hijos, escribe desde que tiene uso de razón, cree en Dios, en la Virgen, en los ángeles y en el Karma.
Estudió Ingeniería Comercial sin ser nunca su vocación, pero fue la base de sus emprendimientos. El año 2000 su empresa quiebra y debe reinventarse junto a su familia cambiando radicalmente su estilo de vida.
El 2005 se le detecta una endometriosis severa junto a un carcinoma in situ que la hace cuestionarse y ver la vida de una manera distinta. Toma decisiones, vuelve a la universidad a los 40 años, se replantea su matrimonio, su vocación, su postura como mujer y madre… Se redescubre e inicia un nuevo camino.
Se diploma en Orientación y Mediación Familiar, especializándose en Mediación Educativa. Se separa después de 23 años de matrimonio, retoma la escritura para transmitir su experiencia y la de las muchas mujeres que va conociendo en este nuevo camino, quiere dejar los miedos atrás, soltar las amarras y generar cambios.
Hoy es una apasionada de la Numerología, el Eneagrama y el Tarot como herramientas de ayuda. También una seguidora de la astrología y de cómo la energía de los planetas influye en nuestra vida.

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