Tropecé de nuevo y con la misma piedra

Este segundo personaje, “el tropecé de nuevo y con la misma piedra”.

Aparece bastante frecuente en nuestra vida, es el que yo encuentro fatal y maquiavélico, pero desgraciadamente no conozco mujer que no haya pasado por éste…

Es cuando caemos en lo mismo de lo que venimos saliendo…o sea la misma piedra. Bueno, es parte del ser humano y sobretodo de las mujeres que a veces somos tan masoquistas! Ahora, mientras no nos encariñemos con la piedra está casi todo bien, es parte de nuestro crecimiento, es parte de la evolución en que estamos.

Cuando aparece este hombre que llega a iluminar nuestra vida, nos parece que lo conocemos desde siempre y claro si es la copia fiel del innombrable. En ese minuto que estamos todavía débiles, buscamos sentirnos cómodas con alguien y con este personaje se da eso. Entramos en un estado en el que nos sentimos de alguna manera viviendo y sintiendo cosas que nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra experiencia sensorial reconoce de alguna forma, son sensaciones ya vividas y creemos que las podemos dominar, casi como que la vida nos está dando una nueva oportunidad para aprender a manejar las situaciones. Y nosotras, que vemos señales en todos lados, vemos esto como “no era él era yo, asique si ahora yo soy distinta, él será distinto”….mmm, toda regla tiene su excepción,  tal vez alguna vez pueda ser así.

 Al principio todo fluye de manera maravillosa, es como haber encontrado a nuestro “ex –poso”, pero mejorado versión 3.0, como hubiésemos querido que él fuera. Nuestro discurso interno es “era yo la que lo provocaba, él solo reaccionaba, ahora que la vida me da esta tremenda oportunidad de darme cuenta, de cambiar y ser distinta….va a resultar“. Con él nos sentimos entendidas, esa persona se acomoda a nosotros, a nuestra casa, a nuestra vida, a nuestra piel de una manera increíble. El problema empieza cuando creemos que está todo marchando y de repente nos encontramos discutiendo por las mismas cosas que cuando estábamos casadas, o nos empezamos a sentir criticadas por lo que hacemos o no hacemos, o nos sentimos igual de controladas como era con nuestro ex, o haciéndonos cargo de todo y convirtiéndonos en mamá, no solo de nuestros hijos y del bendito padre de ellos, sino que además de este otro nuevo pastel. Algo nos empieza hacer ruido, después de andar un poco nos damos cuenta que estamos repitiendo la historia y empezamos a justificar lo injustificable…. tranquila, no somos las únicas. Esto pasa habitualmente y uno se pregunta, por qué me tocan estos personajes a mí, los elegiré con pinzas??? Ahí es donde tenemos que parar un rato y darnos cuenta que no somos nosotras las que los elegimos, son ellos los que nos eligen, porque desgraciadamente somos nosotras las que tenemos ciertas actitudes, ciertas características o enviamos ciertos mensajes que hacen que este tipo de hombre nos escoja, se acerque, nos aborde y sin darnos cuenta se meta en nuestra vida y nos invada completamente.

Este personaje es  clave en nuestro proceso de crecimiento y de cambio, porque gracias a él es que decidimos empezar a ser distintas, a tomar el control de nuestra vida y de ya no estar disponible para cualquier pelotudo. Empezamos a ser más selectivas, a valorarnos, a querernos más y aprendemos a buscar ayuda con la amiga, la psicóloga, la mamá o con quien queramos, comenzamos el autocuidado, a reflexionar sobre qué tengo que cambiar, mejorar o superar. Cuando logramos dejar atrás a este personaje, cuando logramos cortar esta historia nos sentimos grandes, nos sentimos capaces, maduras, nos sentimos listas para enfrentar el mundo y para ser nosotras las que elijamos la próxima vez.

La Columna vertebral de Maia

Maia tiene 4 hijos, escribe desde que tiene uso de razón, cree en Dios, en la Virgen, en los ángeles y en el Karma.
Estudió Ingeniería Comercial sin ser nunca su vocación, pero fue la base de sus emprendimientos. El año 2000 su empresa quiebra y debe reinventarse junto a su familia cambiando radicalmente su estilo de vida.
El 2005 se le detecta una endometriosis severa junto a un carcinoma in situ que la hace cuestionarse y ver la vida de una manera distinta. Toma decisiones, vuelve a la universidad a los 40 años, se replantea su matrimonio, su vocación, su postura como mujer y madre… Se redescubre e inicia un nuevo camino.
Se diploma en Orientación y Mediación Familiar, especializándose en Mediación Educativa. Se separa después de 23 años de matrimonio, retoma la escritura para transmitir su experiencia y la de las muchas mujeres que va conociendo en este nuevo camino, quiere dejar los miedos atrás, soltar las amarras y generar cambios.
Hoy es una apasionada de la Numerología, el Eneagrama y el Tarot como herramientas de ayuda. También una seguidora de la astrología y de cómo la energía de los planetas influye en nuestra vida.

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