Mujeres, abuelas, madres e hijas y los vínculos sagrados en el tiempo.

A veces somos madres, sin tener físicamente hijos, porque la maternidad en un reflejo de un sin número de patrones, conductas, aprendizajes y compresiones que vamos tejiendo en nuestra vida como mujeres. Mujeres, abuelas, madres e hijas con los vínculos sagrados en el tiempo.

Cuidamos a muchos más de los que creemos y nutrimos a otros que nos acompañan si nos nace desde adentro. Se podría decir que la función materna es por un lado neurológica y se relaciona con el instinto y el sistema límbico en el cerebro y las emociones. Por otro lado, también por la capacidad de brindar cuidado y detectar las necesidades del bebé, esto junto a la capacidad de construir apego. Por otra parte, hoy es en muchos casos una elección personal si queremos ejercer esta función directa a través de un hijo biológico u optamos a cuidar a otros por vía de adopción o porque apoyamos a otra madre que no está disponible lo que quisiera… A veces somos mamás del vecino, del sobrino, de la amiga, del pololo, del marido y del suegro… porque nos “nace”, o porque nos acomoda esta función de protección y cuidado. Pero todas estas conductas tienen un origen y una historia que nos acompaña por detrás y que muchas veces no consideramos al momento de vivir el día a día. Hay un tejido “ancestral” que nos acompaña y del cual hoy vamos a compartir.

En este tejido ancestral, vienen nuestras mujeres con nuestro Linaje, con su historias desconocidas, porque en verdad con dificultad tenemos información de las bisabuelas por ejemplo, que por lo general las conocemos muy mayores, o por fotos. Estas mujeres de la cuarta generación reúnen y aglutinan experiencias desde el inicio de los tiempos y nosotras a través del ADN recibimos parte de ese aprendizaje, que va modelando el concepto de maternidad. Qué quiero decir con esto? Aunque hoy ellas no estén presentes, forman parte de nuestra historia.

El Clan ancestral

Con nuestras abuelas nos llega la tercera generación, el Clan, un cuidado especial para estas nietas, que a veces se refleja en que nuestras abuelas nos colaboran y apoyan por su experiencia; a la hija que acaba de ser madre y vamos a ver en estas historias de historias que estas abuelas son consideradas a veces más próximas o más cercanas que las madres. Esto se veía sobre todo a inicios del 1900, donde los clanes familiares daban la fuerza cohesión y poder de sostenerse a la familia. En este espacio, la edad de la abuela además era sinónimo de sabiduría en algunos casos. Estas abuelas además vivían experiencias que afectaban a sus hijas, de una forma u otra, le daban una estructura a la función materna de su hija y la preparaban para esta función, por lo tanto aunque a veces no lo vemos, estas abuelas están en nuestro sistema familiar más presentes de lo que se podría pensar y aunque por ejemplo, esa abuela nuestra tenga un hijo hombre, él también va será formado e instruido social y afectivamente de cómo debe ser el rol paternal y maternal en su hijo, para que en conjunto la pareja defina su estilo de cuidado y vinculación con sus hijos y así… Vínculos sagrados esenciales.

Nuestras madres ya vienen con estas historias “dentro” y reciben de sus madres o mujeres que les apoyan como madres en esta función de cuidado, para que sus hijas den a luz y esto también marcará un patrón en relación de nosotras como hijas, al tener nuestros propios hijos e hijas. Esta enseñanza determinará el “qué queremos darles” y el cómo les daremos lo que necesitan. Por eso, es tan difícil estar solas en este proceso, porque por generaciones inmemoriales, las mujeres se han acompañado, y si una madre no ha podido estar ha estado una tía, una abuela o una mujer con la capacidad de realizar la función materna y apoyarnos.

Finalmente, como madres de nuestros hijos, transmitimos a las futuras generaciones de nuestros nietos también nuestras historias, aun si no los vemos o no estamos en contactos con ellos en forma próxima… Es tan intrincado el proceso de los ancestros, el linaje y el clan, que mucho de lo que inconscientemente hacemos hoy, les pertenece a estas mujeres desde el pasado y lo vemos poco reflejado en nuestras conductas y actitudes, pero están ahí silenciosa y sagradamente.

Y qué decir del mandamiento: Honrarás a tu padre y tu madre, que viene del tiempo de Abraham y la religión. Este mandato que es transversal a las culturas y a los niveles socioeconómicos, a las diferencias religiosas y demases… ¿Logramos cumplirlo? Es una pregunta con una respuesta muy personal, sin embargo hay algo muy profundo en esta pregunta, en el sentido de cómo hemos ejercido la función materna… Muchas veces las historias de madre e hija tienen capítulos de amor profundo, luego de rabia intensa y de diferencias personales. Sin embargo, “madre hay una sola”. Esto en el caso de que nuestra madre haya podido estar presente o haya elegido cuidarnos como madre. Lo cual no siempre sucede por diversas razones: fallecimiento, enfermedad, problemas psicológicos, accidentes, separaciones donde el padre se queda con los hijos, etc. Sobre esto quisiera compartir que la función materna es “algo más allá”, que se trae como instintivo… Hay una función de cuidado incorporada en las mujeres por el rol de género y por lo social, sin embargo, no siempre esto es así. Estas diferencias y calidades de maternaje a veces son cuestionadas o deficientes, por probablemente razones del sistema familiar, por las dificultades de la pareja y las separaciones.

Honremos a todas estas madres

Hoy en especial, quisiera invitarlas a mirar todo su árbol familiar de las personas que ejercieron una función materna en su vida, mirarlas desde el corazón y desde el silencio, decirles: Aunque no te veo hoy, sé que estás formando parte de mi árbol y te reconozco y te honro. Gracias!. Luego, recordar a las mujeres que cumplieron la función de abuelas, aunque hayan sido de reemplazo. Sin embargo, ustedes las reconozcan como abuelas y les digan desde el corazón “Gracias, gracias por permitirme estar viva a través de mi madre, tu hija”. Y entonces conectarse con la madre que tuvimos o tenemos y decirle: “La forma de agradecerte por la vida que me diste y por todo lo demás, es prometerte que cada día haré mi mejor esfuerzo para desarrollar y vivir la vida que me diste”. Es decir, honramos la vida que nos dio y al mismo tiempo, tomamos nuestro lugar y tomamos el mandato familiar de agradecer y honrar.

Es importante para nosotras las personas que cumplimos una función materna con amor y fortaleza, tomar nuestro lugar en este árbol familiar y “agradecer por lo que hemos recibido”. Al mismo tiempo, liberar nuestras vidas de cargas emocionales que pueden generarnos situaciones de conflicto, siendo lo mejor que podamos cada día y así. Equilibrar la función materna para tomar nuestro camino de vida personal y transmitir a nuestros hijos, que la unida “deuda real” que pudiesen tener con nosotras, es la vida que se otorgó desde la madre. El hijo o hija puede agradecer y vivir su vida, agradeciendo a la vida haber podido hacer madre a su madre también y recibir el resto de cuidados, aprendizajes y procesos que conformaran su historia que puede ir, día a día, potenciando la riqueza de los vínculos sagrados heredados a las futuras generaciones .

En estos días de “nuestro día como madres”, honremos a todas estas madres, biológicas, adoptadas o del momento, que han estado en nuestra historia. Honremos y liberemos la “culpa” de no poder estar tan presentes como quisiéramos con nuestros hijos en casa o de no tener el suficiente tiempo, porque hoy al mujer cumple roles de proveedor económico en forma equitativa junto al hombre, posee infinitas responsabilidades, además debe ser pareja, apoderado de colegio, amiga, tía, prima, etc!

Agradezcamos la vida que recibimos y sintamos la libertad de hacer lo mejor cada día, sin autocritica pero como coherencia y conciencia de que somos la base afectiva de nuestros hijos. Si sentimos que no sabemos el cómo hacerlo, busquemos apoyo y si sentimos que no podemos, busquemos ayuda… Todas las mujeres poseemos también el derecho a recibir apoyo y la vida muchas veces en forma milagrosa, nos ayuda y nos aporta con otras amigas o compañeras de familia, que nos brindan un espacio de soporte.

Feliz día de la madre, porque eliges serlo, feliz día de la madre que elije y hace lo mejor que puede cada día, con compromiso y amor. Felicitaciones porque el ser madre es un vínculo sagrado imborrable, que haya sido positivo o dificultoso, nos ha dejado un gran aprendizaje de lo que sí y lo que no queremos para nuestra vida y para la vida de nuestros hijos y futuros nietas.

Ps. Mariann Dávila Coggiola

www.institutoneurociencias.cl

 

Mariann Dávila

Psicóloga, Coach ejecutivo, especializada en resolución de traumas.
Las intervenciones y trabajo curativo:
Por más de 15 años Mariann Dávila ha trabajado e investigado en la aplicación de herramientas terapéuticas innovadoras. Se ha dedicado a la incorporación de nuevas terapias y al estudio de Neurociencias.
Es Fundadora de la Fundación Vortex Integrativo (www.fundacionvortexintegrativo.cl) se ha perfeccionado permanentemente en Somatic Experiencing (www.traumahealing.com), en PHP (http://somaticinstitute.com), Access Bars (http://www.accessconsciousness.com/es), EMF Balancing Technique (http://www.emfbalancingtechnique.com/index_home.php?phpLang=es) y Sanación Reconectiva (http://www.thereconnection.com/). Enfocándose en los procesos del cuerpo y en el sistema nervioso, para la liberación del stress y la mejora de la resiliencia.
Como psicóloga, coach ejecutivo (ICF), cuenta con experiencia en formación y trabajo en equipos (http://teamcoachinginternational.com) de alto rendimiento, profesionales que trabajan con personas y grupos que atienden a víctimas de delitos de violencia, catástrofes y situaciones traumáticas.

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