El Inicio

“El día que encuentre un hombre que me demuestre que me he equivocado al no creer en él,  me voy a convertir en geisha, me enamoraré para siempre…y seré  fiel. Lo juro.”

Cuando empecé estas crónicas fue con la idea de poder transmitir mi experiencia y las de muchas otras mujeres con las que comparto diariamente, porque me doy cuenta que al final no importa la edad ni el nivel social, económico o profesional que tengamos, al final somos simplemente mujeres en la búsqueda de realizarnos, de ser mejores, de sentirnos plenas, de ser felices.

Cuando comprendemos que las emociones que vivimos son las mismas, independiente de lo diferente que podemos ser, nos unimos y nos apoyamos porque a todas en definitiva  nos duele igual el engaño, la mentira, el desamor, la infidelidad, la violencia, la deslealtad, la irresponsabilidad, la traición, la indiferencia y la falta de compromiso, por decir algunas. Es ahí donde nos damos cuenta que en el camino nos van pasando las mismas cosas, que vamos experimentando  dolores y alegrías por igual, que nos vamos encontrando con los mismos tipos de personajes y nos damos cuenta que el Juan mío es igual al Pedro tuyo. El Juan mío me hizo creer siempre que éramos el matrimonio perfecto, hasta que un día después de 20 años descubrí que había otra mujer en su vida desde hace mucho y yo decidí no perdonar ni aceptar.  El Pedro tuyo, aunque siempre supiste que tuvo otras mujeres, hiciste la vista gorda durante 15 años, porque al final siempre se quedaba contigo. Esta vez él tomó otra decisión porque se enamoró. Ahora que ambos se han ido nos miramos en el espejo y vemos una mujer con 15 o 20 años más que cuando se casó llena de ilusiones, con la mirada cansada, con más kilos probablemente, algunas canas y las inevitables arrugas que marcan el tiempo. En ese espejo las dos vemos lo mismo, hay dolor y desencanto, no sé cuál eres tú y cuál soy yo.

Entender esto hace más fácil abrirnos a hablar, a expresarnos para sacar la pena y aceptar el ego herido, soltar la rabia acumulada es necesario para  pararnos de nuevo, para creer en nosotras, para volver a confiar en nuestras capacidades, para aprender a reírnos de nosotras mismas. Logrado eso, estamos a solo un paso de llegar a la plenitud que soñamos.

La posibilidad de encontrar el amor también es parte de nuestra realización, el querer estar acompañadas y sentirnos amadas nos hace estar de alguna manera en una búsqueda permanente.  En estas líneas no es la idea juzgar ni criticar ni tampoco entregar la receta perfecta de cómo hacerlo, porque no existe, son muchas las mujeres que viven en nosotras.

Un día podemos ser la mujer que no puede vivir si no tiene un hombre al lado, porque eso nos valida y nos hace sentir deseadas, da lo mismo si es pareja o solo un touch and go. Otro  podemos  querer proyectarnos en una relación con compromiso, donde involucramos nuestro entorno porque eso nos da seguridad y estabilidad, o tal vez un día simplemente añoremos saber que hay alguien especial que nos espera para vivir ese espacio único donde solo cabemos los dos con nuestras propias fantasías, porque eso nos hace sentir que pertenecemos a algún lugar. Habrán otros días en que seremos la que solo busca relaciones abiertas donde no se involucren sentimientos, porque así nadie nos daña y tenemos el control de la situación o eso creemos al menos; o tal vez seremos la mujer empoderada y segura que no tiene miedo ni le complica estar sola, porque llevamos tiempo trabajando para conocernos, para aceptarnos y aprendimos que la felicidad está en nosotras no en los demás. O finalmente, podemos llegar a ser la que no está dispuesta a transar su libertad ni a compartir su espacio, ese que le ha costado ganar y lo disfruta plenamente, esa mujer que no cree en el complemento sino en seres individuales donde nos aceptamos así tal como somos sin tener que acomodarnos al otro y que piensa que las puertas están abiertas para que, el que llegó se pueda ir de la misma forma

Toda experiencia habrá valido la pena. Lo único cierto es que si no se convierte en un buen recuerdo, al menos será una gran lección.

En definitiva podemos disfrutar estando solas, enamoradas, flirteando con varios o al vivir nuestro metro cuadrado con un partner, más que con un amor. Podemos ser cualquier mujer dependiendo de las circunstancias. Lo que tengo claro es que a estas alturas de la vida ninguna anda con el vestido en la cartera como muchos hombres creen.

Aquí doy inicio a estos pequeños relatos sobre estos personajes que más de alguna vez nos toparemos en esta extraña vuelta a la soltería, donde en la mochila llevamos a un ex – poso (acuñé ese término de mi mejor amiga para referirnos cariñosamente al que dejó de ser esposo), hijos y recuerdos a cuesta. Espero que estas pequeñas historias nos ayuden en este momento a superarlos y acordarnos que todo pasa, incluso ellos.

 

 

La Columna vertebral de Maia

Maia tiene 4 hijos, escribe desde que tiene uso de razón, cree en Dios, en la Virgen, en los ángeles y en el Karma.
Estudió Ingeniería Comercial sin ser nunca su vocación, pero fue la base de sus emprendimientos. El año 2000 su empresa quiebra y debe reinventarse junto a su familia cambiando radicalmente su estilo de vida.
El 2005 se le detecta una endometriosis severa junto a un carcinoma in situ que la hace cuestionarse y ver la vida de una manera distinta. Toma decisiones, vuelve a la universidad a los 40 años, se replantea su matrimonio, su vocación, su postura como mujer y madre… Se redescubre e inicia un nuevo camino.
Se diploma en Orientación y Mediación Familiar, especializándose en Mediación Educativa. Se separa después de 23 años de matrimonio, retoma la escritura para transmitir su experiencia y la de las muchas mujeres que va conociendo en este nuevo camino, quiere dejar los miedos atrás, soltar las amarras y generar cambios.
Hoy es una apasionada de la Numerología, el Eneagrama y el Tarot como herramientas de ayuda. También una seguidora de la astrología y de cómo la energía de los planetas influye en nuestra vida.