¿El Indicado?

Puede suceder que finalmente estemos con el hombre casi perfecto cuando de repente el indicado se cruza en nuestro camino, o el que nosotras suponemos es el indicado… En mi caso el universo me lo plantó delante sin preguntarme.

La relación abierta que mantenemos con nuestro Christian Grey el hombre soñado, nos hace muchas veces refugiarnos en los brazos del casi perfecto cuando aparece, porque nos da esa sensación de seguridad que la mayoría de las mujeres buscamos.

Quiero aclarar que seguridad no significa anillo en la mano ni que nos paguen las cuentas, sino seguridad en saber que hay alguien ahí que te llama todos los días para saber cómo estás y que espera poder estar contigo el fin de semana para regalonearte. En fin, hemos invertido tanto tiempo intentando sacarnos de la cabeza al príncipe azul que no era del color que soñábamos y prometiéndonos cada vez que lo vemos que esa será la última vez para terminar nuevamente recayendo sin poder cerrar el capítulo, que es entonces que lo que nos ofrece el casi perfecto se transforma en la oportunidad de convertirnos en la mujer seria, comprometida y feliz que aspiramos. Podemos poner en facebook que estamos en una relación con alguien con nombre y apellido.

Las amigas nos ponen corazoncitos de alegría, las que están con pareja nos felicitan que por fin escogimos bien y las que siguen solteras en el fondo de su alma aunque estén contentas de vernos feliz, igual no pueden evitar sentir un poquito de envidia.

El momento de elegir

El problema es cuando los planetas se alinean para juntar a estos hombres en tu vida y tienes que elegir, esto no es casualidad… Es el momento para evaluar toda la libertad e independencia que te da el soñado y también la inestabilidad e inseguridad que te provoca no contar con él. Por otra parte, frente al casi perfecto piensas “¿Por qué no darme una oportunidad con él? Total es….casi perfecto”. Comienzas a salir y empieza este semi pololeo que, si bien no te convence mucho, tampoco te molesta. Sí, la frase “disfruta al equivocado mientras llega el indicado” siempre me ha hecho sentido y en este momento calza como anillo al dedo… Pero cuando el universo insiste en otra cosa da lo mismo dónde, cómo o cuándo, porque lo que tiene que suceder, sucede… Obvio, es el indicado que está golpeando la puerta.

Cuando este personaje entra en tu día a día todo fluye sin darte cuenta, no paran de conversar, hablan de todo lo que te puedas imaginar, desde cómo fue su primera vez hasta qué puede existir detrás de la luna Le cuentas cosas de tu vida que no le habías confesado ni a la mejor amiga. Pueden llorar de la risa por una tontera igual como llorar de pena mirando una película. El indicado es un hombre especial. Muchas veces no es el tipo de hombre que a una le gusta ni tiene el estilo ni nada parecido a lo que nosotras andábamos buscando, pero de repente comienza a entrar en nuestra vida y en nuestra alma sin darnos cuenta.

Normalmente el indicado entra de a poco, quiere conocerte, ser tu amigo, mucho whatsapp a toda hora del día. Siempre busca la forma de estar en contacto por diferentes razones. Sientes que te coquetea, pero también dudas pensando que te estás pasando un rollo equivocado. Él sabe que estás intentando mantener “el cuasi romance con el casi perfecto”, sabe de los pastelazos anteriores… La amistad con el indicado crece minuto a minuto.

Con él puedo ser yo misma

Con este hombre te sientes tranquila y segura, da lo mismo si no eres su tipo de mujer físicamente, no necesitas ser la clásica rubia ABC1, flaca e hiper tonificada vestida de jeans y polerita blanca que a él le podría fascinar. En esta relación tienes absoluta libertad para ser quien eres, sin sentirte vendiendo la pomada a alguien para conquistarlo. Aquí hay amistad y puedes fluir como nunca antes lo habías hecho desde que te separaste.

El indicado te apaña viendo películas románticas, pueden picarse jugando wii como cabros chicos. Partir a comprar helado a las 2 de la mañana, comerse los chocolates de las niñitas cuando venga el bajón del hambre; cocinar e improvisar juntos con lo que haya en la cocina, salir a caminar al parque en la noche con una botella de champaña y se les pueden pasar las horas sin darse cuenta.

Se empiezan a cuidar el uno al otro, la complicidad que se crea es tan real y palpable que basta con mirarse para entender al tiro lo que el otro está pensando. Cualquier cosa que pasa lo primero es llamarse para contarse,  es  importante la opinión del otro antes de tomar una decisión.

Comienzas a compartir temores, penas y angustias respecto a cómo criar a los hijos adolescentes, también cómo no perder la relación con los más grandes que ya se han ido de la casa y te das cuenta que la historia es parecida entre su ex y el tuyo –en mi caso varias veces pensamos en presentarlos y concluíamos que serían la pareja ideal-.

Todos tus planes son con él

El indicado te apoya, te defiende, quiere pasar los fines de semana contigo, pregunta “¿qué planes tenemos para el Sábado?”. Te invita a almorzar en la semana a su oficina, te invita al cumpleaños de la hermana y cuando llegas a su casa ya no eres visita, te puedes sacar los zapatos y sentarte en su cama a ver Netflix.

El verse y compartir casi todos los días por alguna razón hace que suceda lo inevitable, se hace evidente lo que estabas tratando de negar: la atracción. Comienzan los cariños, los abrazos, los besos…obviamente el casi perfecto fue quedando en el camino y el indicado logra entrar en nuestro corazón para quedarse…

El indicado es distinto, no es un personaje, es un hombre de carne y hueso con sentimientos, con verdades y contradicciones; con miedos e inseguridades igual que uno, con certezas y dolores. En mi caso me hizo creer de nuevo en el amor, me hizo perder el miedo y los temores, me ayudó a darme permiso para sentir y volver a enamorarme,  a pensar que si no resulta no importa ya que todo lo que puedo sentir y vivir vale la pena.

Aprendí que de amor nadie se muere, pero que si se alimenta uno crece, se hace mejor persona y la experiencia de amar a otro es lejos mejor que solo ser amada.

Dejé mi ego y mi orgullo al lado, me atreví a decir lo que sentía, lo que pensaba,  a expresar mis emociones. Me sentí con libertad de poder hablar de todos mis miedos, de mis logros, de lo que me complica o asusta, de todo lo que me hace feliz. Fui yo como hace mucho no lo era, fui la niña tímida, la mujer segura, la desconfiada, la generosa, la romántica, la divertida, la apasionada… Me entregué con todo lo que podía, con todo lo que tenia, con todo lo que era y fui feliz mientras duró….

La Columna vertebral de Maia

Maia tiene 4 hijos, escribe desde que tiene uso de razón, cree en Dios, en la Virgen, en los ángeles y en el Karma.
Estudió Ingeniería Comercial sin ser nunca su vocación, pero fue la base de sus emprendimientos. El año 2000 su empresa quiebra y debe reinventarse junto a su familia cambiando radicalmente su estilo de vida.
El 2005 se le detecta una endometriosis severa junto a un carcinoma in situ que la hace cuestionarse y ver la vida de una manera distinta. Toma decisiones, vuelve a la universidad a los 40 años, se replantea su matrimonio, su vocación, su postura como mujer y madre… Se redescubre e inicia un nuevo camino.
Se diploma en Orientación y Mediación Familiar, especializándose en Mediación Educativa. Se separa después de 23 años de matrimonio, retoma la escritura para transmitir su experiencia y la de las muchas mujeres que va conociendo en este nuevo camino, quiere dejar los miedos atrás, soltar las amarras y generar cambios.
Hoy es una apasionada de la Numerología, el Eneagrama y el Tarot como herramientas de ayuda. También una seguidora de la astrología y de cómo la energía de los planetas influye en nuestra vida.